I.
Es en esta masa de huesos y costumbres
Que coincide mi diversidad;
Me convierto en vaso, en caja, en recipiente
Fondo diluido en la forma que deja de ser.
Horno continuo que sujeta una explosión discreta,
Árbol plantado en vapor.
Y la semilla de la discordia
Amenaza la marcha de los transeúntes.
Un Andar tranquilo de estrella
Mana como anhelo desgarrado.
Algo cae, un vuelco, un ruido atroz
La voz se asfixia y los pulmones se agrandan
Formando un vacio colosal.
Es el estado gaseoso de mis pensamientos,
Algo se detiene, amparo de luciérnagas
Que viven en resignación
Con la luz titilante y aturdida
Ante las vueltas del desgane imparcial.
Todo es sueño,
Desgaste insaciable
Cerrar los ojos a la muerte temprana
Dormir en apatía las pasiones humanas
Algo se acorta, el pulso se dilata…
II.
Ancla de variaciones en el alma impaciente
Un chopo de agua se levanta
Naufragio insólito de mi prudencia en viento pesado.
Estamos rotos en el cimiento
Cuerpo color de soles navega la mar,
Cercena los ojos y alienta el paso
Como constreñido en la mirada distraída
Que atiendo sin prejuicio
Volviéndome más viejo, más cansado
Sentado en cuclillas para ver el mundo arder
Bajo la palma de mi mano.
Todo se vuelve eternidad
Una paja, una hoz y nada avanza.
Un tic tac armonioso en el pie izquierdo
Sin gobernarse, sin prometer nada
Los segundos transcurren como aletargados
Ante la presión iracunda de la realidad
Nada pasa, todo ocurre, nada pasa.
Desdicha disfrazada de paloma mensajera
Pretendiente en arrullo,
Sosteniendo montañas en un soplo insostenible.
Fluyo entre presencias discontinuas
Armonías de un final feliz comprometido
Un reflejo me parte en cientos
Diseminado como un quejido en el trueno
Concede la voz, concede el olfato
Un momento del invierno en un misterio paralelo.
III.
Un bosque de cristal,
Tierra de nadie,
En caminos que da miedo andar
Busco rostros y encuentro relámpagos
Desvanecidos entre ramas altas;
En fragmentos de años desperdiciados
Como esquirlas de manantial seco
Que arden en la faringe,
Que arden como aquelarres crepusculares
En un espacio a oscuras.
Sombra de mis sobras
Vivo de un anhelo
Piel durazno como espejismo
Que me vuelve errante,
Destino pospuesto antes
En la inmensidad de un grito que se calla
Que rompe pulmones desde adentro.
El cielo enmudece entre tonalidades pastel,
Soledad sin plurales compuestos
Busco la luna que se oculta entre mis dedos
Los puntos cardinales se vuelven borrosos
Mis manos se amotinan, se inquietan
Bailan a su propio ritmo,
Grietas en la piel y en la roca:
Un vals de ansiedad disfrazada en cordialidad.
IV.
Hay una tentación de agotamiento:
Dormir el sueño de los sordomudos
Respirar no basta si vives después de los cuarenta
Con metas depositadas en pedestales de aliento
De coctel y de estrafalaria condición mutable
Equilibrista en apuro,
Cuerda floja, caída libre:
Donde la masa vuelve, se arquea, se domina
Con una nota fina de figura vacilante
Que ronda el agua, la burbuja hipnotizante
Que se vuelve espuma y no respuesta.
Entonces se pincha todo, la sangre vuelve
Surge una humareda espesa
Con los dioses muertos,
Y la caligrafía expuesta de un nombre desnudo
Se entorpece y se borra en columnas de vapor
Hogueras infinitas en el borde del descanso
Cerrar los ojos y quebrarse por dentro
Mármol cincelado en su interior
Un cimiento que vacila en ondas sonoras,
Gitano enjaulado
Grito que se demora por ser escuchado
Y las hojas de un naranjo caen despacio;
Una a una en su paso estático
Que prolonga en madera y verde
El espanto de lo que duele cuando no importa.
V.
Hay tantos secretos en el agua
Gota cayendo en cámara lenta
Ondas de energía disolviendo la paz
Un instante de uno misma que pasa
Se arquea, con rumbo incierto
Timón y remo hablando lenguas distintas
Sin entender al viento y al agua
Propagando un babel de celofán
En los pliegues de mi infancia.
Hay tantos secretos con pasado y alarma
Historias de una sola mano erguida
Retumban en la sien;
Aturdido el cuervo, aturdido el búho que gira
Sin rumbo fijo por el hondo paisaje de enero.
Ahí me lo encuentro, le doy el pase
Lo acompaño por caminos de metafísica delirante
Construimos un refugio con palabras seguras,
Rompemos una cadena y hacemos hogueras
Con nuestros antiguos cuerpos
Los volvemos uno y cosechamos pan de fiesta
Celebración tardía, festín irregular de vocablos en desuso.
Corro la suerte del filántropo, horca y guillotina pretendida
Cascada con filamentos graduales de ansiedad
Que busca mi nombre, se lo apropia lo restriega y manipula
Con un súbito andar de caravana y tambores
Que vuelven y anticipan:
Un andar de trampa y desconsuelo figurado,
Hablamos de la fragilidad de la síntesis humana. |