Carlos López Dzur
carlos@dgx.com
 
 

DETALLES DEL AMOR Y DEL DESEO
Del libro en preparación Tantralia



 
 
 
 
 

a Rocío

 

Voy a aprender tu nombre de kutasha

del que todavía me olvido,

soy impuro y celoso...

Yo no sé cuál es tu nombre;

pero tú eres lo más valioso dentro de mi alforja,

tesoro en oro

dentro y fuera de la morondanga.

Nos conocimos en Catalunya nova

donde el cuerpo es tan sagrado

como negarlo en un ciclo eterno de renacimientos.

Creí que estaba en el paraíso porque te ví...

Mencionaré otros recuerdos de mixoscopía

porque yo sé que fuíste virgen,

y hay que sangrarte cada día

para que haya un manantial,

hoy que ya no lo eres.

En mi carne, sudaste las hebras de plata.

Zanjaste sequedales y de tus laberintos

se unieron aguas de la inercia

con aguas de mi bulbo raquídeo

y así nos conocimos bajo una tormenta de meralgia.

Antes de irte con tu mugrero de sílabas sacras,

¿qué hicíste sobre mi ombligo y mis escrotos,

qué marunga bailaste sobre el pene?

¿Con qué trozos de ajenos relámpagos me llenaste

las pupilas de luz, de diluvios, de viscosas madejas?

Garras me sobran... pero yo amo

este vestido que te quitas cuando me robas la piel.

Me estremecen tus comportamientos de sattva

y de ogonio y tus gemidos cuando rajas al Tat

y no se sabe quién es madre e hijo

cuando te mueres a plazos

debajo o encima del meteco,

mientras comes el akasha al mataperro.

Tú cuelgas milagros a las ramas,

atrapas energía del sol y te dedeas,

te abres, te excitas, te mojas

y fuera de las bragas, eres un macuache malvezado.

Yo sé que se te emboza la raja

como si te llovieran los besos desde los cielos

o de las copas de los árboles

y que se relampaguea de clorofila

la piel que te obtuvo, o que fundas

al romperse en los dolores de tu colcha

tu lumia de muchos velos, la fenoménica

sed de destino y de tiempo, aquí y ahora,

toda la Maya, toda la Maya.

Conozco que son muchos los árboles

que vienen a tu ribera a dejar cada hoja,

a enflacarse de otoño, a pedirte amor

y ligamentos y raíces.

Son tan dulces tus costillas unidas

a cualquier tallo, te quieran o no

los comegenes que repudias,

los iguales que aman, los que sueñan

inútilmente parecerse a ti para atraparte.

pero no tienen esa suerte, corazón adentro.

No hay tonto que replique para su provecho

no hay tonta que no se trepe

al tronco de nogal y no se mueva hasta sacar

su pulidez y lustre al pardo rojizo.

La voluntad del placer es tan soberana, tan soberana

que traiciona, que separa, que solve...

¡Qué no has hecho por una robusta tranca!

por eso a las mil y quinientas,

sin que amanezca, yo te pregunto

si me quieres más a mí, o más a otros...

Te he buscado como forastero que llega

al templo, como metelón entre vestales...

Donde quiera que huela tu olor de hormona,

pregunto por tu médula adrenal y por las horas tardías,

por tu concha y por la forma de artesa de tus babas...

y, cuando tengo suerte, tu soledad y la mía se hallan...

Si aprendo tu nombre, te habré dicho gracias

por primera vez y estaré por admitir

que te he querido a veces, que me has quitado

los mocos, que me has herido el rostro,

que me dueles cuando no me recibes

tanto como me duele que no busques

en mis propios caminos y navas...

No que te quiera mejor como en ollas de Egipto

ni menos que te quiera en andanzas de rogona

pegostes nomás de adobe

y no que no tengas marmita para cocer el rancho

a la tropa ; sí que la tienes y por eso te olvido,

porque los celos hacen daño y mejor no tenerlos;

pero yo no aprendo a recordarte

todo lo bien que mereces

ni te amo todavía lo suficiente para que no me duelas.

Tu nombre se ha confundido

con tantas cosas, agradables y diarias:

la chava con pantorrillas en alto,

encima y abajo de metecos

y los tobillos lujuriosos que ríen,

con la boca satisfecha y la sonrisa tan amplia.

Has dicho que han nacido guajalotes en las recámaras

aunque, de cierto, que de mole para esa noche no pasan...

el ombligo provocador, el hondo abismo,

los senos que se mecen,

con ritmo dulce y juvenil de colegiala;

sí... tú eres quien, al examinar la morondanga

del que viene y va, inspiras mi recuerdo,

me das para hoy y mañana, más nunca hartazgo eterno,

cósmica abundancia;

nada entregas de este mundo que carezca

de hermosura rutinaria, diariamente brutal, eres.

Entonces, yo pienso que, con tu amor,

mi vida seguirá vacía... y por eso...

un pinche ombligo, ricas nalgas, deseo

y nostalgia de amor, ¡eso eres aún!...

¡Es lo que quieres ser; es lo que puedes!

No eres loca que coma lumbre, ni yo tu igual

aunque quiera quererte y sepa que aún me quieres,

pero no me redimes ni me necesitas ni me lloras...

Yo tengo que quererte con la misma propiedad

con la que mis ojos te han comido y perdido

en la tragedia cotidiana y natural, que tú me olvidas.

Me has gustado y es injustamente predecible

que te haya olvidado tantas veces, repitiéndote...

¿Por qué sigo creyendo que el amor puede ser más

que amor y el placer, una puerta y un naufragio?

Si en el mundo tus milagros se vuelven

la accidentalidad tras la antigua idolatría

la penia, miseria de timbal y patarata.

Voy a aprender cuán dura es tu costilla

por causa de que te encuentro para volver a perderte

y fingiré que te amo menos de lo que te amo

para que confíes en tu órbita

y para que me veas como el sol, que se aleja

cuando otro ajeno sistema planetario

está más cerca que mi aliento encima de tus pechos;

pero te voy a seguir, similar ronda del eje

por el que giras como si fueras un lujo perdido,

irremediable...

Como si fueras una tragedia, un suicidio,

un mal sabor divino, una blasfemia tracalera,

mi bien amada.
 
 

2

Yo sé que te quiero porque eres única.

En el fondo, no me necesitas para nada

y has rechazado de manera igual

toda forma coactiva de externa aproximación.

Me gustan las mujeres como tú:

solipsistas, anárquicas, sin dueño...

Daría algunos nombres para mencionarte;

¿y a quién importaría, después de todo?

El fundamento de cualquier relación

se define desde ti y tu red de autonomía.

Yo me cuelgo de tus escupidos.

Conozco tu miseria de araña

y la supremacía de tu vagina fumigada.

Siquiera tiene la evolución del patrio gobierno...

Hilas mi abismo de plata y soy el suplefaltas

al que sólo has compensado

con besos, distancias y recelos.

El mundo externo se subordina

a la única realidad de tus pelos

y yo recuerdo que sudas tu conocimiento

y se me antoja tu calidez y tu sudor

como lo más bello del torbellino de la historia.

Hemos sabido ser cómplices,

con el susurro del AUM...

3






No existe más que el yo,

el yo que hierve en resina alcanforada

cuando el amor se vuelve un talismán

es decir, la mujer que filtra el tabonuco,

o sale de cualquier árbol

en que esté metida,

como Filis en el almendro.
 
 

4

¡Qué maravillosas son las mujeres

que entran por los ojos

y que dejan su arcoiris en las pupilas

y los pedazos de estrellas, aunque fugaces,

como olor que no escapa

al tajalán que gruñe hasta las trencas;

qué maravillosas cuando se convierten

en memorias para los dedos

y nos desprecian, a media talla,

porque han visto sus sombras

derramadas sobre el pecho como babas!
 
 
 

Regreso a la página de Argos 10/ poesía