La ciudad en Moralidades de Jaime Gil de Biedma
La ciudad como motivo en la poesía contemporánea tomará carta de naturaleza con los simbolistas franceses; se desarrollará durante las vanguardias como elemento transgresor frente a la naturaleza, marco tradicional de lo poético y se establecerá como inevitable acento tras la Segunda Guerra Mundial. Sólo entonces podremos hablar del poeta ciudadano, del poeta urbano cuya experiencia vital y estética estará ligada al vertiginoso devenir de la urbe, a ese mundo que se consolidaba en la medida en que se aislaba del entorno.
No sin gran esfuerzo podía mantenerse la poesía al margen de esa revolución urbana y de todos los complejos fenómenos sociales que se manifestaban en ese hervidero, tremendo y caótico caldo de cultivo.
Afrontamos un tema tan particular como el propuesto desde una perspectiva historicista con la voluntad de insertar aquello que podríamos simplemente observar dentro de los textos en una corriente que iría más allá de la mera sincronía o el apunte estético. Pensamos, por lo tanto, que un acercamiento diacrónico a la obra puede poner de relieve un sentido más luminoso y completo. Sería, en este sentido, una corriente evidentemente más ancha y difusa que desembocaría en la posibilidad de crear una obra cuyas características no afloran arbitrariamente, sino que constituyen el producto provisional de un proceso aún activo.
Partimos de un hecho evidente: las ciudades han sufrido a lo largo de los últimos doscientos años un proceso de cambio sin precedentes. Sobre esa base, situaremos a Gil de Biedma, voz surgida en una ciudad –conviene recordarlo– cuya vocación europea es para bien y para mal única en España(1), en una cima virtual sobre cuyas faldas y en diferentes cotas iremos situando distintos textos, ideas diversas. Digo textos y no autores a sabiendas y refiriéndome siempre al estrecho territorio que respecta a la ciudad.
La primera
etapa que hemos sucintamente expuesto presenta la ciudad como marco posible,
una novedad obvia dentro de un panorama poético que aún domina
la imagen mitológica y las potentes metáforas que inspira
la naturaleza romántica. Lo sublime natural, bien captado por los
artistas románticos, constituye para los simbolistas un hábil
vehículo para manifestar las pasiones humanas desatadas:
De este cielo extraño, casi exánime,
atormentado como tu destino,
¿qué pensamientos en tu alma
hueca descienden, libertino?
Esa primera
aproximación a lo sobrecogedor natural frente a la naturaleza apolínea
y conciliadora preparará el feísmo, el acceso de lo
escabroso, de lo marginal al mundo de la poesía. La ciudad como
tema y como atmósfera precisaba de ese paso llevado a cabo por el
romanticismo: la ciudad obliga a que se la acepte tal como es, especialmente
la ciudad del siglo XIX.
Romper el verso, dar cabida a nuevos temas, a nuevos materiales como hace la escultura, incumbirá a los creadores vanguardistas. El acero, la velocidad y los anuncios luminosos penetrarán en ese coto cerrado de lo genuinamente poético para desbaratarlo. Soliviantar y oponerse será la principal misión de la vanguardia.
En los años
50, oponer ciudad a naturaleza ya no tendrá sentido porque todo
es ya ciudad: a mediados del siglo XX es al fin posible vivir toda una
vida entre grises muros, chirriantes máquinas y una cálida
y anónima turba de congéneres.
Cinco poetas nos ilustran
Con la intención de proporcionar unas escuetas noticias textuales de esa evolución que hemos brevemente expuesto, han sido seleccionados algunos fragmentos de obras que nos han parecido significativos. Observaremos que a medida que nos adentramos en estos textos se plantean preguntas y dificultades con respecto a la obra de Gil de Biedma, un poeta posterior a todas esas referencias, que intentaremos responder en la medida de nuestras posibilidades.
En primer lugar creo imprescindible incluir algunos versos de Les Fleurs du Mal(2) que complementaremos con algunos poemas del primer Maiakosky extraídos del volumen preparado para la editorial Laia con el título genérico de Poemas. El testimonio de Fernando Pessoa vistiendo el angustiado y urbano atuendo de Álvaro de Campos. Textos de Blas de Otero pertenecientes a los libros Mientras; Expresión y Reunión y Escrito para. Finalmente, un poema de Alfonso Costafreda.
La primera elección, la presencia de Baudelaire, encuentra una justificación histórica y pretende ser un punto de partida para nuestro trabajo: veremos cómo el París imperial, cosmopolita y decadente se impone al poeta en calidad de primera gran ciudad del mundo occidental industrializado.
La segunda quiere ilustrar el concepto de ciudad que están construyendo las vanguardias, unas ideas que amenazarán con invadirlo todo con el ímpetu proprio de lo novedoso. Lo urbano y lo revolucionario se encuentran en Maiakovsky dando lugar a una suma de convulsiones, gris sobre rojo. Los hombres de la revolución han descubierto que la tradición es una gran mentira que deben desenmascarar con el fin de abrazar lo nuevo en su más ínfima manifestación. Es la ciudad como virulencia y marco de la transgresión.
A Pessoa creo que sería demasiado fácil integrarlo como apéndice vanguardista, como cansancio y desencanto del proyecto futurista. Sin embargo, más allá del la Oda Triunfal, Álvaro de Campos presenta el "yo" escindido hasta la náusea que se alberga en cada uno de nosotros. Es interesante advertir – perdón por la frivolidad – como su angustia interacciona, se cuece, en las calles de Lisboa. Por lo tanto, lo incluyo en cuanto ejemplo de cómo la ciudad ha ido penetrando en el alma del escritor, cómo ha vestido sus sensaciones y alimentado las pesadillas en su fuero interno. Cuando la conciencia de un hombre se exacerba como lo hace en Pessoa y se suma a una voluntad de modernidad, la ciudad rezuma como por obra de un hervor químico.
La cuarta elección pretende trasladar algunas de esas presencias urbanas al terreno de lo hispánico sin olvidar la relación directa, la intimidad que existe entre las obras de Blas de Otero y Gil de Biedma. Con este testimonio queremos presentar aquello que luego reafirmaremos al tratar de Moralidades, es decir la ciudad devenida, pleno hecho biográfico, ciudad asumida como algo presente, inevitable, imaginería consolidada en el sentir del poeta.
La invocación a Costafreda se debe a coincidencias generacionales. En todo caso, es un poeta que ligo conceptualmente a Álvaro de Campos tanto por la expresión muy íntima de la angustia de existir como por la vinculación de ésta al ámbito urbano.
No cabe engañarse.
En Les Fleurs du Mal de Baudelaire la ciudad no tiene un papel protagónico.
Anecdóticamente, aparece en los distintos libros para cobrar sólo
cierta significación en el apéndice que Benguerel titula
Cendres
de París. En el primer fragmento que hemos seleccionado aparece
idealizada, como trasunto de una inquietud trascendente: imagen tangencial
distante y estilizada por el simbolismo:
Ver los talleres cantar y hablar mañana y tarde;
campanarios, chimeneas: mástiles de la ciudad,
y enormes cielos que nos recuerdan la eternidad.
Más
adelante, el poeta cantará la ciudad ennobleciéndola frente
a, por ejemplo, los románticos ingleses que poetizan la naturaleza
con el fin de revelar la obra divina. La ciudad es, por lo tanto, una realidad
humana que en sí misma no puede equipararse a la realidad natural
que esa poesía había glosado. Estamos ante una polémica
paralela a la que se establece entre la estética racionalista y
la romántica en el intento de aquilatar lo bello artificial frente
a lo bello natural, es decir, al objeto artístico producto de la
mente humana a la naturaleza producto de la mente divina. Las ideas estéticas
kantianas y hegelianas están en liza en el fondo de estos versos,
ya que es la voz del poeta la que conseguirá elevar lo cotidiano
y prosaico a la altura de la belleza natural. La ciudad se convierte en
un original objeto de la demiurgia poética:
cuando como hace el poeta, a las ciudades desciende,
ennoblece el destino de una vida canalla.
Se inicia
la investigación poética de la ciudad. Uno de los primeros
descubrimientos es la vitalidad que la anima y le otorga personalidad:
las ciudades se están convirtiendo en monstruos que se contorsionan
sobre la tierra en un modo que no ocurría desde muchos siglos atrás.
En ellas podemos encontrar los más variopintos cuadros, los tipos
más ricos, procacidad y elegancia en unas proporciones que dan lugar
al color de lo grotesco y delirante.
El viejo París ya no es una estructura urbana.
Más que el alma de un mortal puede ser cambiante:
este campo de barracas sólo mentalmente recorres.
Pero
la ciudad empieza a intuirse también como ámbito de pesadilla:
Recogen sus versos el bullicio de la ciudad, la vida de los suburbios y los bajos fondos que atraen al poeta tal como quince siglos antes habían llamado la atención de epigramáticos latinos como Catulo o Marcial. La ciudad ha recobrado el pulso, y con ella la humanidad agolpada en sus calles. Un millón de rostros que se expresan en una búsqueda desaforada de placer o la simple supervivencia, conviven dando una apariencia distorsionada a un anonimato ya consustancial.Ciudad hormiguero, de tantos sueños esclava
donde el espectro en pleno día aborda al viandante.
Maiakovsky, el poeta de la revolución rusa, el vanguardista que construye sus versos en la fundición, sitúa su obra entre la barraca donde habita el proletario y la factoría donde trabaja. Su universo es el espacio gris que separa ambas construcciones: la ciudad.(...) ¡Envidiando de este mundo la pasión obstinada,
de aquellas viejas putas la funeraria carcajada,
todos traficado altivos como si hiciesen corrillo
uno con su honor rancio, otra con su santidad!
¡Me asusta sentir envidia de una gente que corre
con fervor, pobre gente, hacia el abismal vacío
y que ebria de sangre propia, en el fondo preferiría
un infierno a la nada y a la muerte el dolor!
Jauría de color, las luminarias
de Maggi giran esplendentes, rápidas,
y, como siempre fue, las funerarias,
puntuales sirven féretros y lápidas(3).
La tentación
de la metáfora urbana, las imágenes, mucho más inmediatas
aquí que en la obra de Baudelaire; el verso vulnerando la sintaxis
para dar la impresión de imagen superpuesta a la imagen previa...
La ciudad simboliza lo moderno para un pueblo súbita y recientemente
arrancado de la Edad Media y con el temor de volver del mismo modo a ella.
Como en el fragmento simbolista que citáramos, aquí de nuevo
la ciudad es un órgano palpitante gracias – y esto es lo diferente
-, a la mano orgullosa del hombre:
Las Torres de Babel de las ciudades
construimos de nuevo, ebrios de orgullo.
Y la calle resiste el suplicio del silencio
con un grito rebelde en la garganta.
Se hinchan de través en el gaznate
tripudos taxis y tranvías flacos.
Los peatones le pisan todo el pecho
hundido por la tisis...
La ciudad con la noche ha cerrado las calles(4).
Las ciudades
son efectivamente "Torres de Babel", desorden y confusión producto
de la vitalidad sin mesura del hombre y frente a los cuales el hombre no
debe sentir sino orgullo. En esas calles una nueva esencia humana, remendada
con fragmentos de metal y engranajes, encuentra su máxima expresión.
¿Puede concebirse una idea más alejada de lo apolíneo?
La impresión profética que nos causan estos versos es inmediata. Una nueva era se prepara, un mundo nuevo dominado por la máquina y la imaginación está a la vuelta de la esquina. El comunismo querrá ser la manifestación política de esa nueva realidad floreciente.
Al contrario
de lo que ocurría con Baudelaire, lo difícil en esta
poesía resulta encontrar imágenes vinculadas a lo mítico,
a lo natural y a sus fuerzas. En su lugar se ha encumbrado el músculo
de la revolución: la idea poética aparece como un engranaje
más que anima una realidad desbocada. En apariencia, la poesía
se ha rendido a la realidad constituyéndose ésta en el ideal
más rico, múltiple e inefable que nunca haya existido:
El hombre ha encontrado en sí mismo el ámbito para emanciparse de lo creado. De ahora en adelante, lo que no pueda producir con sus propias manos estará destinado a perecer. El desprecio de lo antiguo, o mejor, la insuficiencia de lo antiguo para abordar lo moderno es, según Maiakovsky, patente.Yo,
que tengo el pico de oro más que nadie
y con cada palabra
remuevo el alma
y hago cantar el cuerpo,
os digo
que la más diminuta partícula de vida
es más de lo que he escrito y escribiré(5).
Y termino con estos versos del poeta ruso y con las glosas con que los acompaño consciente de haberme distanciado un punto de las razones que me habían animado a incluirlos, pero que, sin embargo, dan pie a presentar algunas ideas sobre la poesía de Álvaro de Campos y su vinculación con la ciudad que luego tendremos en consideración.¡Me importa un bledo
si en Homero y Ovidio
no sale gente así, como nosotros,
salpicada de hollín!
Yo sé
que el sol se entenebrecería
si viera el oro que hay en nuestras almas(6).
Este heterónimo
será quien encarne la concepción Pessoana de la modernidad
y sus trampas, estableciendo a su vez una dialéctica con los otros
heterónimos. Se articula así un diálogo que trasciende
el tópico futurista basado en la máquina y la conquista del
medio. Sin bandear esos elementos, Álvaro de Campos será
también el observador perplejo de esa realidad, de su propia capacidad
de habitarla desplegando una gran riqueza de matices existenciales. Dentro
de esa mayéutica que señalábamos, resulta especialmente
rica aquélla que se establece con Ricardo Reis, el Pagano
triste de la decadencia. Al contrario de lo que observábamos
en Maiakovsky, el no menos recalcitrante Álvaro de Campos,
influido por la figura de Reis, no desprecia el diálogo entre lo
antiguo y lo moderno:
Escribo con rechinar de dientes, cual fiera ante toda esta
belleza,
ante toda esta belleza que desconocían los antiguos(7).
En una
suerte de extraordinario y lúcido eclecticismo al que llega el heterónimo
portugués, lo antiguo y lo moderno se integran encontrando un espacio
para el diálogo y la confrontación. Gracias a esa salazón,
estos versos no han sido atacados por la misma polilla que deja sin vigor
la gran mayoría de manifiestos y poemas futuristas:
y hay Platón y Virgilio dentro de la máquina y de las
luces eléctricas
sólo porque el antaño existe y Virgilio y Platón fueron
Humanos.
Y pedazos de Alejandro Magno del siglo tal vez cincuenta
Átomos que un día tendrán fiebre en el cerebro del Esquilo
del siglo cien(8).
Sorprendente
en cualquier caso este "optimismo atomicista", más contagioso si
cabe que el producido por el más acendrado delirio sobre el poder
de la máquina. Se trataría de una metafísica de inspiración
epicureísta aplicada a nuestros días y a nuestra concepción
desbocada del tiempo que abogaría por la permanencia trascendente
de los contenidos de materia y de espíritu.
De nuevo,
a pesar de ese "optimismo", encontraremos la voz poética rendida
ante la multiplicidad de una realidad que la supera y no consigue sino
glosar vagamente. La ciudad aparece de nuevo, como excipiente, como ancho
cauce por donde circula una corriente inasequible a la mente humana.
¡Tengo secos los labios, oh grandes ruidos modernos,
de oíros demasiado cerca,
y mi cabeza se abrasa de querer contaros con exceso
en la expresión de todas mis sensaciones,
con un exceso contemporáneo de vosotras, oh máquinas!
(...)
¡Ah, poder expresarme entero, como un motor se expresa!
¡Ser tan completo como lo es la máquina!
¡Poder ir triunfante por la vida como un automóvil último
modelo!
¡Poder sentir que todo eso me penetra, físicamente
al menos,
desgarrarme del todo, abrirme íntegramente y volverme
poroso
a todos los perfumes de carburos y calores y carbones
a toda esa flora estupenda, negra artificial e insaciable!(9)
Importante
resulta esa idea de la imposibilidad expresiva del poeta frente a la realidad
circundante y el efecto que ésa obra en su espíritu, ya que
determinará – espero poder demostrarlo en el caso de Gil de Biedma
– un próximo refugio en lo íntimo y personal, en lo intrahistórico.
Sigamos pero
un poco adelante con Álvaro de Campos para entrar en contacto con
unas ideas que juzgo importantes. En primer lugar situaría aquélla
que considera la urbe como el ámbito donde se desarrolla una metafísica
de la ignorancia y de la especulación sobre "lo otro".
La ciudad se ha convertido en un gran interrogante para las personas que
la habitan, de suerte que las realidades mentales y externas impactan con
especial virulencia en este ambiente:
Ventanas de mi cuarto,
del cuarto de uno de esos millones del mundo que nadie
Sabe quién es
(y de saberse quién es ¿Qué se sabría?),
dais al misterio de una calle cruzada constantemente por
gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposible real, verdadera, desconocidamente
verdadera...
(...)
Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morir
y no tuviera más hermandad con las cosas
que una despedida, convertidas esta casa y este lado de
la calle
en la hilera de vagones de un tren, silbada su salida
desde dentro de mi cabeza
y sacudidos los nervios y chirriantes los huesos al marchar.
Hoy estoy perplejo, como quien pensó, halló y olvidó.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que debo
al Estanco del otro lado de la calle, como cosa real por
fuera,
y la sensación de que todo es sueño, como cosa real por
dentro.(10)
Hay en
los versos de Álvaro de Campos un elemento que no conviene olvidar
y que no surgió al comentar los textos de Maiakovsky: la ironía
dirigida hacia lo burgués. Como notáramos, éste fue
un visionario, un esteta de la revolución soviética, y las
grandes ciudades donde se fraguó el levantamiento que le inspirara
no asistieron al surgir de una clase media que impusiera sus costumbres
y el talante que despierta la sátira en Pessoa. La sociedad
rusa ha pasado violentamente del Antiguo Régimen al comunismo sin
solución de continuidad para constituirse en una dictadura del proletariado
donde la burguesía no tuvo cabida. En la Lisboa aún importante
metrópoli colonial son sin embargo posibles cuadros como este:
¡Trivialidad interesante (¿Quién sabe qué hay por dentro?)
de esas burguesitas, madre e hija casi siempre,
que andan por la calle con un fin cualquiera,
gracia femenil y falsa de los pederastas cuando pasan, lentos,
y toda esa gente simplemente elegante que pasea y se muestra
y que, en fin, tiene alma dentro!(11)
De este
modo, las ideas de ciudad y de burguesía quedarán íntimamente
ligadas en la poesía de Álvaro de Campos. De una manera no
menos patente lo observaremos en la de Gil de Biedma. La burguesía
y el proletariado se encontrarán en un mismo terreno dando lugar
a una dicotomía desconocida en el Este de Europa. Y así no
serán posibles cuadros como este, que preparan en un cierto modo
las no muy lejanas avalanchas coloristas y consumistas de nuestros días:
¡Hé-lá calles, hé-lá-hó foulé!
¡Todo cuanto pasa y se para en los escaparates!
¡Comerciantes, vagabundos, escrocs exageradamente bien
vestidos,
miembros evidentes de clubs aristocráticos,
escuálidos tipos dudosos, cabezas de familia vagamente felices...!(12)
Recogemos
ahora un punto nuestras reflexiones sobre el mundo de la modernidad, y
sobre la ciudad en cuanto hábitat natural de éste para ceñirnos
al ámbito de lo español y sus particularidades. Hemos querido
ilustrar hasta el momento cómo la ciudad se convierte en tema para
la poesía, primero de un modo marginal, para imponerse luego como
marco de lo humano y de lo poético. Cómo su evolución
y su naturaleza han ido modelando la percepción de la realidad por
parte del artista problematizándola tras un breve periodo donde
fue exaltada como manifestación urbanística del progreso.
Finalmente cómo su vida se ha ido articulando al amparo de una clase
cada vez más poderosa, la burguesía cuyos valores están
destinados a imponerse paulatinamente al resto de la población urbana.
Veamos en
adelante, bajo la tutela de los versos de Blas de Otero, cómo la
ciudad se ha ido convirtiendo también en España en vivencia
íntima, y cómo su fuerte personalidad se convierte en poderoso
polo de atracción determinando la del poeta. Conscientemente, éste
la tomará como insoslayable punto de referencia. Al igual que Pessoa,
en su serie de poemas titulada Lisboa revisited, el poeta volverá
regularmente a ese esbozo de patria a la cual quedaron atados sus recuerdos
infantiles, esos que a veces consiguen dar un sentido más pleno
a su existencia:
Mira por dónde, estás en Bilbao.
Porque la verdad es que yo a París me lo paso por debajo
del Puente Colgante.
Porque la verdad es que yo a Madrid la amo como a la
niña de mis ojos siempre que la niña se llame "miau
miau natajacint’ miau."
Porque la verdad es que amo Moscú más que mi brazo
derecho: pero Bilbao soy de cuerpo entero.
Porque la verdad es que Pekín es delicioso y terrible,
pero de momento vamos a dejarlo.
Porque la verdad es que La Habana es la verdad, y hermosa
y valiente, y tiene un sitio así de grande en mi
memoria.
Pero Bilbao.(13)
He aquí
el elenco de capitales estéticas, políticas e ideológicas
que han determinado el pensamiento del poeta, aquéllas que de un
modo u otro ha abrazado su inteligencia, por las que ha simplemente transitado.
Pero hay sólo una entre estas ciudades que es la capital de su nacimiento,
de su primer sentirse vivo. Sólo un afecto lo une a ella, y sin
embargo, todas las demás son ciudades a través suyo. La respiración
de este primer ambiente único sería una primaria y sensitiva
forma de educación rechazada en la adolescencia pero recobrada luego:
Yo, cuando era joven,
te ataqué violentamente,
te demacré el rostro,
porque en verdad no eras digna de mi palabra,
sino para insultarte,
ciudad donde nací, turbio regazo
de mi niñez, húmeda de lluvia
y ahumada de curas.
Esta noche
no puedo dormir, y pienso en tus tejados,
me asalta el tiempo huido entre tus calles,
y te llamo desoladamente desde Madrid,
porque sólo tú sostienes mi mirada,
das sentido a mis pasos
sobre la tierra...(14)
...Por sólo tú
sostienes mi mirada... Luego sigue enumerando aquellas ciudades visitadas,
aquellas referencias urbanas para reiterar una vez más su orfandad
sin la presencia a la que siempre acudió con el recuerdo... y
volé a La Habana y recorrí la Isla / ladeando un poco la
frente, / porque tenía necesidad de recordarte y no perderme.
Nos estamos acercando a esa ciudad que se funde con el sentimiento del poeta de modo que éste no sólo podrá hablar sobre ella, pintar sus cuadros, sino que será ella quien espontáneamente surgirá sin ser emplazada: con una sola palabra, con la unión de otras dos, con una atmósfera que no necesitará de ellas.
Me extiendo
sólo un poco más con una cita de Alfonso Costafreda. Aquí
la ciudad no será una concreción. No será su Tárrega
natal, ni la Barcelona que conoció sus efímeros éxitos
literarios, ni la Ginebra de su autoexilio diplomático. Así
como en Garcilaso encontramos una naturaleza que se conduele y participa
en el dolor de los pastores, aquí la ciudad, como si se tratara
de un organismo vivo, se hace eco de la angustia del poeta. Veremos la
ciudad simbolizando la muerte y la aniquilación, cerrando así
aquel círculo que describieran las vanguardias para las cuales la
urbe fue sinónimo de vida renovada. Finalizo con estos versos, símbolo
creo, de la moderna unión entre ciudad y angustia, esa angustia
que desde siempre se ha emparejado con el hecho poético, y concluir
que la ciudad puede ser también un atroz modelo para la poesía.
De nuevo mi garganta
lucha por respirar,
el tranvía nocturno
suena como un tambor,
más de cuarenta inviernos
puedo contar aquí...(15)
El cosmopolitismo
parisino de
Baudelaire; el Moscú revolucionario, gris y expectante
de Maiakovsky; la Lisboa fantasmal y referencia permanente en Pessoa; el
Bilbao sentimental de Blas de Otero; la ciudad anónima y terrible
de Costafreda. Debemos ahora incorporar la Barcelona de Gil de Biedma.
Si París y Moscú son ciudades universales, "ámbitos símbolo", ¿Qué aportan al poeta, al lector la presencia de ciudades "sin rostro" como Lisboa, Bilbao o Barcelona?, ¿Qué idea se encarna en ellas? Veremos una ciudad dispensadora de atmósferas que explícitamente se vinculan a lo biográfico; veremos cómo la estética de lo urbano cumple el papel evocativo que tuvo la naturaleza y, en este sentido, veremos que podremos hablar de sustitución material de una idea o sujeto poético que permanece.
Veremos además
la pretensión de capturar la esencialidad de Barcelona, el intento
de crearle un rostro, una identidad. La ciudad como valor evocativo cercano
al intimismo y, a la vez, fuente de ironía(16).
Vimos que precisamente este elemento no concurría en el Bilbao dramatizado
por Blas de Otero, pero sí en Álvaro de Campos.
Veremos, en fin, como la ciudad "es", pero no es el tema.
La ciudad no es el tema
¿Dónde si no en
la ciudad puede ubicarse un poeta que se autocalifica social? ¿No
es éste su marco más apropiado? ¿No debe ser esta
ciudad un núcleo que propicie una sensibilidad de esta índole?
a vosotros pecadores
como yo, que me avergüenzo
de los palos que no me han dado,
señoritos de nacimiento
por mala conciencia escritores
de poesía social...(17)
Semejante
declaración de principios se escribe bajo la sombra inminente de
una gran ciudad occidental, pero que posee un enraizado sentido práctico
que parece desvincularla de cualquier ideología. Son años
de prosperidad económica en el erial intelectual que el franquismo
nutre en España:
La sombra de la ciudad se irá haciendo presencia abriéndose camino entre la voz actual del poeta, irónica y escéptica, y la retrospección evocativa donde aún permanece el pensamiento del niño y del adolescente. La vecindad emocional del poeta con la ciudad queda patente en estos versos:Era ya un poco tarde
incluso en cataluña, pero la "pax burguesa"
reinaba en los hogares y en las fábricas,
sobre todo en las fábricas –Rusia estaba muy lejos
y muy lejos Detroit– (18)
Más aún que los árboles y la naturaleza
o que el susurro del agua corriente
furtiva, reflejándose en las hojas
-y eso que a mis años
se empieza a agradecer la primavera -,
yo busco en mis paseos los tristes edificios,
las estatuas manchadas con lápiz de labios,
(...)
y la nostalgia de una edad feliz
y de dinero fácil, tal como me lo contaban,
se mezcla un sentimiento bien distinto
que aprendí de mayor...(19)
He aquí
un buen ejemplo de cómo las voces del poeta se superponen mientras
él intenta mantenerse fiel a ambas. Sentimentalidad e ironía
comparten íntimamente estas líneas.
El poeta
no podrá sostener por más tiempo aquel vínculo con
la naturaleza que resume el conocido tópico Horaciano del "locus
amoenus" tal como brevemente lo reproducimos unido a una hermosa imagen
amorosa.
Tan pronto en sueños nocturnos
cautivo te tengo como por los prados
del Campo Marcio, ¡Oh cruel!
y entre aguas corrientes tu vuelo persigo.(20)
Y la
melancolía inspirada en el paisaje natural se sustituye por la decadencia
del espacio urbano con el cual se siente una oscura y casi atávica
familiaridad:
Así yo estuve aquí
dentro del vientre de mi madre,
y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae
por estos sitios destartalados.(21)
La complejidad
de la ciudad se va descubriendo a medida que el propio pensamiento se problematiza.
Aparece la búsqueda de Gil de Biedma, el doble compromiso, consigo
mismo y con la alteridad que configurará ¿Por qué
no llamarlo así?, su ambición poética. La ciudad que
irá surgiendo desde Montju, como si la alcanzásemos desde
el mar y a baja altura, seguirá siendo el marco. Descubriremos que
Barcelona es la gran ciudad para la poesía social española,
vórtice donde se han ido agolpando las grandes masas de desheredados
que se mantenían dispersas en España; lugar donde la riqueza
y la pobreza formarán un contraste parecido al que existe entre
la montaña y el mar que delimitan su territorio.
Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando con las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.(22)
Y en
ese abrirse a la complejidad de la urbe, el sueño caduco de la burguesía
y los rincones donde su turbulenta elegancia se expresaba irá dejando
paso a una nueva preocupación. Penetra en su poesía el reconocimiento
de la inmensa mayoría, esa "mayoría silenciosa" integrada
por personas que no poseen una voz dentro de la sociedad ni de la historia.
Me he parado a escuchar el latido
del silencio en mi cuarto, las conversaciones
de los vecinos acostándose,
todos esos rumores
que recobran de pronto una vida
y un significado propio, misterioso.Y he pensado en los miles de seres humanos,
hombres y mujeres que en este mismo instante,
con el primer escalofrío,
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones,
por su fatiga anticipada,
por su ansiedad para este invierno...(23)
De nuevo
la ciudad ámbito de angustia que reconocíamos en Costafreda.
La preocupación de Pessoa por lo intrahistórico nacida y
desarrollada en la ciudad se eleva aquí a la categoría del
"nosotros". Está servida la paradoja de las grandes ciudades, donde
el contacto entre grandes masas humanas, se ha exacerbado en la misma medida
que lo ha hecho la incomunicación. Ambos poetas, Jaime Gil y el
mismo Pessoa, sensibles a lo primero, preocupados por lo segundo, penetrarán
en el terreno de la conjetura sobre "lo otro" buscando una conciliación,
la toma de conciencia.
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
no habrá a estas horas genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas, nobles y lúcidas -,
y quién sabe si realizables,
nunca verán la luz del sol real ni hallarán los oídos de
nadie?(24)
Gil de
Biedma sigue un proceso similar para descabezar el mito del genio romántico
y poner de manifiesto las sucesivas capas que deposita el egocentrismo
del artista a medida que se encierra en sí mismo. Tal vez para conjurar
ese momento –numerosos seguramente en la vida de un hombre acomodado– en
que la lucidez y la sensibilidad del hombre pueden correr peligro, es el
poeta quien glosa la realidad cotidiana y universal del aislamiento y de
la soledad:
Debemos concluir, por tanto, que la ciudad no podrá constituirse en tema como veíamos en Maiakovsky porque ya no es posible redimirse en sus aspectos estéticos. Tratar su brutalidad o presentar la escabrosidad de algunos cuadros tal y como los reproduce Baudelaire tampoco será completamente satisfactorio por cuanto significa situarse por encima, a distancia de esa realidad.Serás uno más, perdido
viviendo de algún trabajo
deprimente y mal pagado,
soñando en algo mejor
que no llega. Quizá entonces
comprendas que no estás solo,
que nuestra vida de todos
se parece a una prisión (25)
La ciudad se ha ido cargando de matices que atañen al ciudadano común y corriente. Trazar esa radiografía humana es mucho más urgente si se pretende mínimamente – y en Gil de Biedma esa pretensión es mínima, de ahí creo su actualidad y verosimilitud(26) problematizar esa realidad mediante un contacto entre poeta y lector. Esa fórmula quería sin duda ser literariamente más efectiva y, sobre todo, más fiel al oficio que aquélla que daba por supuesta una fabulosa, expectante "comunidad de hombres" sedientos de poesía revolucionaria. Es así como Gil de Biedma alcanzará ese doble compromiso estético y ético que luego caracterizará la obra de uno de los poetas españoles más ambiciosos de los últimos años madurado antes del advenimiento del esteticismo veneciano de los Gimferrer, Sarrión, Azúa, etc.(27). Nos referimos al extremeño Félix Grande(28).
Podemos de este modo afirmar que la visión de la ciudad que ofrecen estos versos es sin lugar a dudas actual ya que en ella aparecen gran parte de los motivos que nutren nuestro propio imaginario colectivo. Faltan si cabe algunos elementos que se han añadido en estos últimos años tales como la violencia o la permanente presencia de la publicidad y los medios de comunicación. Ya Félix de Azúa hace ya unos veinte años y en uno de sus ensayos(29) hacía referencia a estos elementos como definitorios de la ciudad de nuestros días. En cualquier caso, la constatación que en estos versos la ciudad "es", pero no es el tema, respalda la perfecta asunción del marco ciudadano que reflejan estos versos en cuanto ámbito implícito de una poesía que inmediatamente la asumirá en su totalidad con la llamada generación del 70.
NOTAS
1. Como nos recuerda el proprio
Blas de Otero: aquí estoy /frente a ti Tibidabo /la tierra que
me faltaba para escribir "mi patria es /también europa y poderosa".
De Guernica en Esto no es un libro.
2. Gil de Biedma alude directamente
a Baudelaire en su diario… he releído anche varios poemas de
Baudelaire que me dieron ganas de volver otra vez a Les fleurs du Mal
con toda calma. Mi respeto y amor por Baudelaire los descubro mayores a
cada lectura. Sus poemas resultan siempre superiores al recuerdo que de
ellos guardaba y me sorprenden, como si misteriosamente hubiese aprovechado
el tiempo, desde la vez anterior que le leí, para revisar y mejorar
su obra. Retrato del artista en 1956; ROBA, 1993.
3. Maiakovsky;
Poemas,
Laia p. 9.
7. De Oda
Triunfal;
Fernando Pessoa; Antología de Álvaro de
Campos; Alianza p. 17.
13. De
Morir
en Bilbao; Blas de Otero; Poesía con nombres, Alianza
Alfaguara p. 78.
15. De
Cuarenta
inviernos;
Jaime Ferrán; Alfonso Costafreda,
Júcar,
p. 180.
16. En
su Diario, Gil de Biedma admite el uso deliberado de la ironía
en su poesía posterior a de Moralidades. La influencia de
José Agustín Goytisolo parece capital en este sentido tal
y como pone de manifiesto la siguiente cita: He escreto un poema que
me tiene bastante contento. Por primiera vez he utilizado la ironía
– desde que leí Salmos al Viento de J. A. Goytisolo, quería
tacerlo -, y no ha resultado mal. p. 209. Pues bien, creo que esta
declaración, lejos de considerarse categórica, es sin lugar
a dudas matizable por lo que respecta a Moralidades.
17. De
En
nombre de hoy; Gil de Biedma; Moralidades, Alianza p. 58.
18. De
Barcelona
ja no és bona. Ibídem p. 61.
20. Horacio;
Odas
y Épodos,
Cátedra, 1990 p. 323.
26. Significativa
al respecto la referencia que hace Gil de Biedma a Castellet en su diario
de 1956:
José María, que jura y perdura por la poesía
social, acabó requiriendo mi participación. p. 203.
Parece
ser que a los ojos del antólogo, Gil de Biedma se había finalmente
ganado su acceso a la nómina de los poetas sociales. La alusión
a la etiqueta y el modo irónico como presenta la simpatía
del propio Castellet (transitoria?) por la poesía social sugieren
cierta escéptica distancia.
27. No
por casualidad Gil de Biedma será prácticamente el
único poeta de la generación precedente que su veleidad esteticista
salvará de la hoguera.
28. Blanco
Spirituals; Cátedra; Letras Hispánicas, 446.
29. El
aprendizaje de la decepción; Anagrama.
Josep Puig. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona, traductor e intérprete en Italia y docente de lengua y literatura española en Bologna, ciudad en la que reside.
Argos 18/ Ensayo